|
20120104
.
El año que viene, 2012, celebramos cincuenta años de existencia de la provincia de Loyola. Medio siglo de vida es todo un hito. En nuestra oración y en los Ejercicios espirituales tratamos de ver la vida con los ojos misericordiosos de Dios. Fomentamos en nosotros actitudes básicas cristianas, propias de la espiritualidad ignaciana, como son la gratitud, el reconocimiento de los dones recibidos y de lo generoso que Dios ha sido con nosotros. En cinco décadas de vida, hemos servido a la misión de Cristo por medio del apostolado de muchos padres y hermanos, multitud de colaboradores, numerosas instituciones y obras e incontables presencias en nuestra tierra y en países de misión.
Acabamos de celebrar una Congregación Provincial, la duodécima de nuestra historia. Ha sido ocasión de encuentro y de convivencia, de estudio y análisis de postulados, de dejarnos afectar por la realidad y por las personas a las que servimos. Ha sido tiempo de oración y discernimiento, personal y comunitario. Comenzamos el primer día cantando el Veni Creator Spiritus y terminamos la última tarde con el Tomad, Señor, y recibid. Compartimos muchas reflexiones sobre nuestra vida espiritual, comunitaria y apostólica y hubo aportes de gran valor para el gobierno ordinario de la provincia.
Esta Congregación Provincial puede que sea la última de esta provincia de Loyola. Los nuevos tiempos, el descenso de vocaciones y la apuesta por reducir el número de provincias jesuitas y mejorar así su eficacia apostólica fuerzan a que en unos pocos años la provincia de Loyola se integre con el resto de las provincias españolas en una nueva. Este proceso puede percibirse, en principio, como una pérdida o una desaparición, pero en realidad es ocasión e invitación para un nuevo nacimiento.
San Ignacio en la contemplación de la Natividad del Señor nos invita a incluir esta consideración en uno de los puntos de oración propuestos: “Ser nacido en suma pobreza, y a cabo de tantos trabajos, de hambre de sed, y de calor y de frío, de injurias y afrentas, para morir en cruz” [EE 116]. Todos hemos contemplado multitud de veces esta escena. San Ignacio une el nacimiento con la vida entera y la muerte del Señor. Sabemos además que lo que comienza termina y que hemos de hacernos indiferentes a todas las cosas criadas. Lo importante, como señalaba hace unos meses el P. Adolfo Nicolás cuando estuvo entre nosotros, son Cristo, el Reino y los pobres. El resto son medios que elegimos para un fin mayor.
En esa contemplación se nos invita también a acercarnos a ella con una actitud específica: “haciéndome yo un pobrecito y esclavito indigno” [EE 114]. Una actitud parecida podemos también encontrar en los evangelios: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Lc 17,10). Esta Navidad, ante el Señor nascido en pobreza, podemos contemplar también la historia de nuestra provincia y considerar cómo lo que nació en un contexto cultural y sociológico determinado está llamado a nacer de nuevo dentro de poco en otra situación. Dios nos acompañó entonces y nos acompañará ahora. No lo dudéis.
¡Feliz Navidad!

Juan José Etxeberria sj
Provincial
|