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  En el centro del Santuario de Loyola se alza una imponente iglesia, dominada por una cúpula, y precedida por un amplio pórtico decorado en estilo churrigueresco, modalidad exuberante del barroco español. Con ella, una época de sensibilidad distinta de la nuestra expresó acertadamente el pasmo que le producía la entrega a Dios de Iñigo de Loyola.  
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> Visitas virtuales de la Basílica: VR1, VR2 y VR3

El Altar Mayor y la estatua de San Ignacio

El Altar Mayor de la Basílica de Loyola fue realizado entre los años 1750 y 1757, según diseño del Maestro Ignacio de Ibero. Es un esplendoroso altar churrigueresco, resplandeciente de mármoles, con cuatro columnas salomónicas decoradas, como el resto del altar, con un cuidado trabajo de taracea marmórea, mármol incrustado en mármol. Cada una de las columnas salomónicas costó dos años de trabajo. Notables son las decoraciones de la predela del altar, hechas también en taracea de mármol, en las que destacan los símbolos militares y los Nombres y Sagrados Corazones de Jesús y de María. Todo el altar ostenta, dentro de la estética barroca, un logrado reparto de los espacios y un acertado equilibrio de los volúmenes, y encaja perfectamente en su marco arquitectónico. Destaca, por la elegancia de su diseño, por la finura de su ejecución y por la calidad de sus mármoles, el templete destinado a la exposición del Santísimo.

El nicho central del altar fue diseñado para la estatua de plata de San Ignacio, que la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas había decidido encargar ya en 1741, en cumplimiento de un voto.

El modelo de esta estatua, inspirada en la que preside en el Gesù de Roma el altar de la tumba de San Ignacio, obra de Le Gros, fue realizado en Roma por el escultor valenciano Francisco de Vergara, para ser ejecutado después en chapa de plata por el platero alemán Josep Bauer, que en Roma firmaba Giuseppe Agricola. Es un dato evidenciado por las numerosas "marcas de platero" (GA), unas 30, que hay en los diversos elementos de la estatua. Esta fue trasladada por mar desde Génova a San Sebastián, llegó a Loyola y fue instalada en su sitio en 1758. Vemos en ella a San Ignacio, revestido con indumentos sacerdotales movidos por el típico viento que agita las imágenes del barroco. Los entendidos ven en esta imagen un logrado equilibrio entre la gracia del rococó romano y el vigoroso dinamismo del barroco español. Las imágenes laterales del altar son las de San José y de San Joaquín.

Con el tiempo se fueron construyendo los seis altares laterales. Están dedicados al Corazón de Jesús (imagen de Granda), a la Virgen del Patrocinio (imagen de Luis Salvador Carmona), y a cuatro Santos jesuitas españoles: San Francisco Javier, San Francisco de Borja, San Pedro Claver y San Alonso Rodríguez. VR3

El cancel de entrada es de caoba, llegada a Loyola desde La Habana en 1739. Sobre este cancel, en el coro, está instalado un magnífico órgano fabricado por Aristide Cavaillé Coll, dotado de 2.172 tubos. Fue inaugurado el 10 de junio de 1889.

La iglesia, que había sido inaugurada y bendecida en 1738, fue solemnemente consagrada el 30 de julio de 1888. En el interior de la Iglesia, y a ambos lados de la puerta principal, hay sendas lápidas, en latín y en castellano, conmemorativas de las consagraciones de 1888 y 1889. Dice la lápida en castellano:

A la mayor gloria de Dios y en honor de sus Santos, el Excmo. Ilmo. y Rmo. Señor Dr. D. Benito Sanz y Forés, Arzobispo de Valladolid, estando presentes los Ilmos. y Rmos. Señores Obispos de Vitoria, Calahorra, Pamplona, y el titular de Filipopolis, Administrador Apostólico de Ciudad Rodrigo, consagró esta iglesia y altar mayor el 30 de julio de 1888, y el siguiente año los altares de San Pedro Claver y San Alonso Rodríguez, y los cuatro restantes, el 28 de julio de 1889, fijando al consagrar la iglesia el 29 de julio para celebrar perpetuamente el aniversario de su dedicación.

En 1921, al celebrar el cuarto centenario de la herida y conversión de Iñigo de Loyola (1521-1921), la iglesia de Loyola fue elevada por el Papa Benedicto XV al rango de Basílica.

Para responder a las innovaciones litúrgicas del Concilio Vaticano II, y en particular a las normas dictadas por la Ordenación general del Misal Romano, que prescribe: “constrúyase el altar mayor separado de la pared, de modo que se le pueda rodear fácilmente y la celebración se pueda hacer de cara al público”, la Basílica de Loyola ha tenido desde 1965 un altar portátil, que ocupaba el espacio de la nave anular situado ante el altar mayor. VR3

En 2002 este espacio se ha liberado para facilitar a los visitantes el giro total de la nave anular y la aproximación al espléndido altar mayor, y se ha adelantado el presbiterio al espacio situado entre los dos pilares de la nave anular que lo enmarcan. La nueva disposición del presbiterio, con su nuevo altar fijo y su ambón hecho todo ello de mármol rosa duquesa de la cantera de Lastur, ha logrado que, como recomendaba la misma Ordenación del Misal, el altar “ocupe el lugar que sea de verdad el centro hacia el que espontáneamente converja la atención de toda la asamblea de los fieles”.

Esta nueva disposición del presbiterio y del altar, así como la restauración de la cúpula interna y de todo el interior de la Basílica, fueron inauguradas el 19 de julio de 2002.

 
El Altar Mayor de la Basílica
 
La estatua de plata de San Ignacio
 
Elementos de la Predela del altar en taracea de mármol
 
Elementos de la Predela del altar en taracea de mármol
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